Vemos la tele con mi papá, mientras nuestra atención se divide en pequeñas actividades, él escucha y ve vídeos en youtube y yo leo un blog en internet. A ratos me interrumpe para que mire lo que sale en la tele, experiencias que veo con asombro y que por sus ojos puedo ver lo extasiado que le parece vivir esas experiencias, y quizás qué más despiertan en él. Una de ellas es, hombre estadounidense estuvo por 24 horas paseando por el espacio y un deportista suizo escala sobre hielos, mientras están  en pleno deshielo, que cuando decide dejar su pie sobre alguno, este no espera y se derrumba. 

Cuando veo su cara de envidia con asombro, recordé que antes soñaba lo que yo podría regalarle. esos regalos que sé que anhelan, y podría ser una experiencia como las de la tele, un viaje a la luna, un viaje al 1500 o 1700, o una cámara fotográfica para sus cinco años, para que guardara fotos de su pasado que tanto atesora, y que lo resguarda cuidadosamente en el amor hacia sus hermanas, o llevarlo a bucear, o una camioneta antigua. Después, pienso en lo gratificante que es imaginar a una persona que amamos, frente a eso que desea con tanto afán, que lo imagina cuando espera la micro en el paradero, cuando ve la tele, cuando lee un libro, o cuando camina, esos deseos por los que suspira y que se rebelan a la luz de la intimidad. Aunque sean fantásticos, casi imposibles,  imaginarlos frente a eso, no tiene precio que alcance su real valor.

Creo que imaginarnos esas escenas es una muestra de cuanto amamos a esa persona, de lo feliz y vivas que nos hace sentir otro/a tan feliz, tan asombrado. Y en esos gestos vuelvo a experimentar lo qué es el amor para mi, a veces ni piensan cuánto deseamos para ellos. La pregunta es, si todo fuera posible ¿qué le regalarías a la persona que amas? yo, hoy le daría un paseo por el universo. 




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