Día del amor

   

  Hoy voy de vuelta a Santiago, después de un pequeño viaje de tres días a la casa de mi abuelos, en Linares. Hoy es el día del amor o como se dice más cursimente, el día de "San Valentín". 

En mi casa nunca hemos tomado en cuenta estos días para festejar, sí para juntar a la familia en el día de la madre, el padre, etc, pero no es algo que tenga tanta relevancia, pero hoy, veo las redes sociales y gente cercana celebra el día del amor con palabras de agradecimiento, jurando amor y cuánta cosa más, que de verdad me parece hermoso, no la exposición de un testamento enorme de pie de foto pero si que la gente se quiera, que esté en una relación que perdura (tomando en cuenta lo que se hace para sostener una relación)y que ambos se respeten y caminen juntos, porque puta que es rico sentirse enamorada/o y que la relación baile bien. 

Pero este año a mí, me toca distinto. Estos últimos meses han sido un periodo donde me he replanteado muchas cosas a partir de una relación que llego a su fin.En la mañana recordé cómo había sido el día del amor el año pasado, estaba trabajando, estaba en una relación, pero ese día no lo celebré, en realidad no hice nada especial para, pero me acuerdo que fui a tomar once a la casa de mi tía, y para mí eso siempre es rico, pero si sentí deseos de hacer algo especial, de compartir un momento en honor a este día con aquella persona. 

Estaba amando a esa persona, a un hombre con el que habían proyectos, muchos ideales y en ese entonces un viaje fuera del país, para e que trabajamos para emprenderlo. Pero cuando se acabó esta relación, que duró dos años, muchos ismos se venían abajo dentro mío. Cada uno caía con un peso distinto, ocupé la terapia que más me sirve, conversar, compartí muchas onces con amigas, tratando de buscar explicación y soluciones, después de un tiempo cuando tomé un poco de distancia de la situación y me calmé, comprendí razones de por qué las cosas estaban siendo así,algunas dolorosas. Entendí mi inmadurez, las inseguridades, y me entendí yo de otra forma, y decidí. Creo que decidir fue lo que más me costó-es lo que más cuesta para algunos- tomar la decisión de dar aliento o darlo por terminado, en este caso a pesar de lo doloroso y abrumador que fue, se acabó. 

Ahí vino esa vuelta hacia mi, ese camino de regreso que al comienzo lo llamé peregrinación (me gusta mucho el significado de esa palabra), donde se regresa a ese espacio de soledad y se siente el olor de la ausencia de un otro, sin esa presencia y amor al lado, el que nos hace pensar en dos, decidir en base a dos. Debía seguir mi camino sola, volver a descubrirme porque aunque suene cliché, me había perdido, mis planes personales estaban difusos, sin un norte claro, sin ese sentimiento que nace de la guata para comenzar algo, algo que te apasiona y fue cuando me comencé a sentir de otra forma. Entendí que no me podía conformar con la visión que tenía de mí aquella persona, tenía que verme yo, aunque eso llevará tiempo.  


Han pasado meses desde el término. Con el tiempo que ha pasado hay cosas que siguen ahí, pero aprendí que otras de la única manera que podían llegar era decidiendo lo que determiné. Con miedo, con incertidumbre, con dudas de "¿estaré haciendo bien o no terminando esto?". Ahora me doy cuenta que era lo que necesitaba, era un golpe que necesitaba, me hizo abrir los ojos para descubrirme, conocerme, crecer y saber cuáles son mis límites, profundizar sobre qué es lo que quiero, mirar de otra forma el amor, y no sentir que estar sola es como un tiempo sentada en la banca, esperando que llegue el amor para seguir con la vida, eso no es. Ahora pienso que estar con alguien, es compartirte tal cual, conocer tu mundo con el otro y que de ahí surja una combinación que enriquezca a ambos, pero no es hacerse una mezcla homogénea del mismo color, eso ya no lo quiero, no quiero dejar de ser yo, nunca más.

Estoy quieta, con la cabeza y el corazón más tranquilo que cuando esa tormenta venía encima y sentía que no tenía control, ahora creo que el mayor control que puedo tener a una situación así, es decidir según mis necesidades, según lo que quiero. 

Mi día de "San Valentin" 2018, es un bus de vuelta a Santiago, que me tomara hasta la noche, y no habrá un pololo esperándome para hacer algo especial. Solo estará mi papá esperando con mis dos perras en mi casa. La Frida se dará vuelta en círculos celebrando que llegué y la Mandarina, mirándome desde el sillón levantando su larga cola. Y hoy siento así el amor, más vivo, más sutil y calmo que nunca antes, por que he aprendido que vive en cosas pequeñas, en las cosas que amo  hacer, en mis sueños, esos que quizás no se lleguen a cumplir idílicamente, como imagino, pero que me hacen avanzar. Y esos pequeños recuerdos que me pellizcan a veces, salen a flote, pero pienso, y que es tiempo, que el amor cuando acaba duele, y pareciera que se quema el corazón, pero no, no se quema del todo, siempre nos vamos a quedarnos nosotros,  bajo todo lo que vemos caer, quedamos en posición fetal, medios parados o como cada uno decida, pero aquí quedamos, justo donde debemos comenzar.

Feliz día.
Ilustración de Flavia Banana

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